
26 de julio de 2011

17 de junio de 2011
Buenos Aires Hora Cero
En el aire había cenizas, aviones cancelados, humedad a mares, melancolía, tensiones, nostalgia, emoción. Es que estos últimos días fueron realmente muy intensos para la familia Escalandrum. Una energía que se notaba en las caras, en los pliegues y las miradas de este grupo de amigos que decidieron enfrentar la sutil tarea de presentar en el mitológico teatro Gran Rex un homenaje a Piazzolla en pleno corazón de Buenos Aires.
En síntesis, era el homenaje de un nieto a un abuelo, con la carga que eso significa. Ahora, la pequeña diferencia era que ese abuelo era nada menos que Astor Piazzolla. Y ese nieto era Pipi Piazzolla. En el aire había amigos, viejos tangueros, jóvenes, familiares, de todo un poco andaba boyando. La familia Escalandrum tuvo una prueba de fuego: mucha prensa, mucha presión y el invitado de lujo (Paquito d´Rivera) varado en la ciudad de Lima, Perú.
Todos lo sufrieron y lo vivieron intensamente. Pipi teniendo que estar a la altura de la circunstancia y rindiendo prueba para demostrar que lo suyo no era un aprovechamiento de apellido. Horacio Sarria, algo más que un manager un verdadero alma paternal, teniendo que encarar un gran teatro. Y cada uno de los músicos ocupando su rol en esta fina convivencia familiar que lleva más de doce años.
Claro que no estaban solos. La gente de la productora Contemporánea, de la mano Roberto Menendez y Silvia Errea, creyó en ellos y les dio la estructura para desarrollar este homenaje en el 90 aniversario del nacimiento del Gran Astor, en este camino que está haciendo del mito que devora al mito. “Es que para mí siempre fue, a parte, mi abuelo”, dice Pipi cada tanto para algún medio periodístico. Es que la gran tarea que se propusieron es hacer un reconocimiento sincero. Y se notó.
Afuera llovía mucho, adentro estaba repleto y público era parte importante del evento. La calle Corrientes y el Obelisco eran la escenografía perfectamente obvia para la escena.
En los pasillos del teatro las hijas de Pipi correteaban por los pasillos mientras se escuchaba una armonía indiscutiblemente ciudadana y porteña. Esa música había sido compuesta por su bisabuelo y estaba siendo interpretada por su padre. El vehículo de este viaje era el sonido mutado a emoción.
Y finalmente todo fluyó, denso, como tenía que ser.
Paquitó llegó sobre la hora y la descoció (como dirían en el potrero), los Escalandrum brillaron sinceros, la Tana Rinaldi desbordó energía, Pipi sonrió feliz, espiritual y la gente se retiró satisfecha en una Buenos Aires bajo lluvia. Nostálgica, melancólica, como tenía que ser.
El mito del Gran Astor se paseaba calmo cerca del subte.
¡Las mejores partes del recital se verán en www.jade.vxv.com próximamente!
Por Martín Vergara, Fotos Ariel Fiminela
3 de junio de 2011
Ushuaia se hace camino al andar...“Gracias por venir a Jazz al fin.… o al fin del jazz”, dijo sonriente Ana Prada, ante una sala Niní Marshall de la Casa de la Cultura de Ushuaia, colmada y de pie. Con referencias musicales al folklore litoraleño y una potente voz, la cantante uruguaya cerró junto a Lea Ben Sasson la tercera edición del Festival Internacional “Jazz al fin” entre guiños, milongas rioplatenses y una dulce ironía. Un rato antes la brasileña Fernanda Cunha repasó algunos clásicos cariocas en gran intimidad.
Detrás de escena, Sandra Ruiz Diaz, organizadora y alma quijotesca del festival, sonreía satisfecha luego de tres días más que intensos. Es que este año, la Fundación Inti Main, responsable del evento, se propuso el eje temático de “la mujer en cuerpo y voz”, en un encuentro que combinó música, mesas de debate, cine, turismo y gastronomía. Además de una propuesta estética que desafió sobre el escenario los cánones tradicionalistas del género.
Luego de un inicio algo frío, el público comenzó a acercarse y la primera noche cerró con una notable actuación en dúo de piano y voz entre Adrián Iaies y Roxana Amed presentando su disco “Cinemateca Finlandesa”. Antes, la saxofonista bahiense Diana García del Cerro abrió la sala y la suiza Sophie Lüssi, homenajeó con gran calidad a Djando Reinhardt junto a las guitarras de Ramiro Penovi y Adrián de Felippo.
En la “Posada del Fin del mundo”, centro neurálgico y base operativa del Festival, las productoras coordinaban taxis, combis y hoteles para los distintos grupos que llegaban y se enfrentaban al riguroso clima austral. Ana, dueña de la posada y gran anfitriona, recibía a los contingentes que quedaban embobados con la hermosa vista del balcón de la casa que mira al canal de Beagle. Una postal hipnotizadora.
Charlas, proyecciones, mesas de debate y todo tipo de actividades rodearon las tardes de los días siguientes en distintos puntos de una ciudad que albergaba la nevada caída días antes. Las veredas eran verdaderas pistas de hielo de alta peligrosidad. Caminar sin las manos en los bolsillos pese al frío, me dijeron. Y lo agradecí.
La jornada siguiente arrancó con Vocal Jazz de Ushuaia, grupo que integra a cantantes líricos, populares y corales, continúo con la luminosidad de los hermanos Ana y Marcos Archetti en versiones preciosas y terminó con la espectacular actuación de Carmen Baliero homenajeando en piano y voz a Violeta Parra y sus “Centésimas del alma” en una atmósfera densamente poética.
Afuera, Ushuaia, anochecía helada en ese marco sobrenatural. No había viento. El aire inundaba y cortaba la cara. Hambre y sueño. Tarea cumplida con muchas cosas por mejorar. Y la satisfacción de superarse año a año.
por Martín Vergara, Jade Jazz

21 de mayo de 2011
Trio MJC
El trío MJC de la Prov. de Córdoba, Vistió el paisaje de Lago Puelo con su música, Y fue una de las jóvenes formaciones del Jazz local que dieron su presente en el Festival El Bolsón Jazz 10 años, 2010. Mira el especial de El Bólson Jazz 2010 en www.jade.vxv.com
16 de mayo de 2011
10 años de jazz en El Bolsón.
13 de mayo de 2011
31 de diciembre de 2010
Diario del Bolsón Jazz Festival 2010

Diario del Bolsón Jazz Festival 2010
El especial proximamente en www.jade.vxv.com
Diciembre 8
Las veintidós horas de viaje entre Buenos Aires y Bariloche en el semi- cama
de Vía Bariloche son agotadoras. Sobre todo cuando la mañana comienza a hacerse monótona y el paisaje desértico está inmóvil. Las piernas adormecidas y el cuerpo no encuentran posición. Los niños juegan en los pasillos, rostros hinchados, algún mate y el río Limay que empieza a ocupar gran parte de los sentidos. De golpe, el vergel se hace color: infinitas variedades de verdes pueblan los recodos y curvas en vallecitos perfectos. Estamos a un paso de Bariloche. Hay emoción entre los habitantes del ómnibus. Está nublado y parece que está fresco, la gente está con campera y capucha.
Bajamos en esa hermosa terminal con balcón al Nahuel Huapi. El cansancio se hace placer. Vamos hacia el Bolsón a la décima edición del festival de jazz.
La historia
El Bolsón Jazz festival nace a raíz de la exitosa realización de ciclos, clínicas, muestras, encuentros, conciertos y festivales llevados a cabo durante el 2001 y 2002 por músicos y vecinos de El Bolsón, conformados hoy como Asociación Civil PATAGONIA JAZZ.
“Creemos en el poder transformador de la música y nos apasiona la posibilidad de generar un intercambio artístico entre diversas localidades de nuestra región, el resto del país y el exterior”, aseguran
Emerge desde los propios músicos, como proyecto de autogestión y como una propuesta concreta en el plano de la cultura y la educación. Asimismo, se proyecta también como una agenda anual de eventos culturales (conciertos, muestras, ciclos, seminarios y cursos) y un cierre de año con un Festival Internacional de Jazz.
La bajada
A poco de encarar la picada desde Bariloche el camino se trasforma en algo encantador. El lago Gutiérrez y el Mascardi entre bosques, cerros nevados, flores amarillas y violetas. Un deleite en diciembre: meses y meses de lluvias explotando a mediados de la primavera. El marco adecuado para predisponerse a escuchar música.
Alejandro Aranda, algo así como el alma del festival, nos espera en la terminal y lleva a comer una merecida lasagna junto con unos simpáticos cordobeses. Comenzamos a sentir ese clima familiar y afectuoso que nos acompañará a lo largo de los días que dure el festival. Todo está preparado para la conferencia de prensa y el inicio del festival. Podemos descansar hasta el día siguiente. Vamos bajando de a poco.
El trasfondo
El Bolsón no tiene teatro ni cine. Y no es un dato menor. El Festival de jazz surge como necesidad de una parte de la sociedad para expresarse artísticamente. A grandes rasgos, hay una división evidente entre una parte de la población de origen autóctono y conservadora y otra que es la trasplantada con sus descendencias y sus peinados raros. El centro cultural Eduardo Galeano, en plena manzana céntrica, es algo así como la barricada de la movida del Bolsón. Pegado al Galeano y frente al todopoderoso supermercado “La Anónima” hay una carpa de circo que se transformó en el Teatro del Pueblo. Esta carpa (con deuda incluida) fue adquirida por diferentes asociaciones de vecinos a un circo en bancarrota que vagaba por la zona con el objetivo de ser el escenario principal de esta ciudad en constante movimiento. Y lo es, claro. En eso está.
El recuerdo
Llueve y hace frío. El restó “A Punto” es el lugar de partida del Festival. La conferencia de prensa e inauguración tiene un clima extraño además de la lluvia y la nieve que extrañamente cae en los cerros de diciembre.
Hace unos meses falleció una integrante de la organización llamada Meli Araujo. “Estuvimos por suspenderlo, no podíamos”, confiesa Alejandro. Es que Meli era un ejemplo concreto de esas personas que no se ven pero son las que movilizan los proyectos. La angustia se hace lágrimas. Un poco de música se transforma en el minuto de silencio. Se presenta en sociedad el contrabajo hecho por un luthier local y propiedad del Festival y se abre una gran botella de champagne. Se largó. Música.
De ahí a comer: en el poli deportivo mesas largas y conversadas terminan con un campeonato de metegol apasionado. Toda una postal del Festival: vecinos, músicos, periodistas, técnicos. Afuera apenas una llovizna. Se puede caminar.
Los conciertos
Alejandro corre. Dos de sus lugartenientes se multiplican a lo Droopy: el negro Merlo y Daniel están en todos lados. Durante la tarde los chicos del trío cordobés MJC ofrecen un concierto en el Hospital. Los pibes del sonido hace rato que laburan incansablemente en la carpa. El trío de Nave Camaleón convoca mucha gente en “Pasiones argentinas”. Hay gringos, vecinos, músicos. Hay jazz en el ambiente. El tiempo empieza a mejorar y el Piltri atardece rojizo. Vivi, la esposa de Alejandro, no para. Va y viene trayendo gente que llega a la terminal.
Y todo desliza en una vorágine musical. Monk´s Advice abre el escenario principal con un gran homenaje a Thelonious. Continúa Cuarto Elemento con un repertorio que versiona a compositores tan disímiles como Yupanqui, Joao Bosco o Bill Evans. La carpa está llena de gente de todas las edades. Un par de policías merodean la zona sin acercarse demasiado.
El sábado el cuarteto de Sergio Poli tiene al público encantado hasta de llegada de los potentes noruegos The Core. Afuera se toma cerveza casera, se charla lindo y los organizadores pueden respirar. Vivi, sigue inquieta. Parece incansable.
Los eventos en veredas y plazas continúan todo el día siguiente. Alejandro Santos ensamble convoca mucha gente y tienen que cortar la calle. Hay clínicas de batería, de violín. Una mesa de periodistas charla sobre el desarrollo de la actividad jazzística en la Patagonia. FM Alas, la radio del Bolsón, trasmite todo el show. El jazz sigue en el ambiente.
Diego Schissi quinteto logra meter al público en un gran clima para la última noche. La versátil y melódica guitarra de Luis D´agostino se luce presentando su nuevo disco y todo concluye con el Cuatriyo. La música flota.
Esa noche en la jamm sessions del bar Azúcar todos brindan, exhaustos. Una vez más hay gente que trae instrumentos, sonido. Son más de las 3 de la mañana del domingo. La zapada es interminable. Alejandro mira todo desde una mesa solitaria. La gente le pide que se sume. Hay percusión y cajón peruano. Alejandro agarra la guitarra y la sonrisa le parte la cara. El negro Merlo acaricia la batería, Marcelo el contrabajo. Todos fluyen contentos. El círculo está cerrado.
Caminamos por las hermosas calles desiertas del Bolsón en una noche estrellada, felices.
